Internautas y clientes de productos y servicios son ávidos rastreadores de contenido selecto en las páginas Web sobre las que proyectan su atención, sea cual fuere su objetivo en el rastreo. Es por ello que el marketing de contenidos, cuyo vertiginoso auge es paralelo a la proliferación de redactores freelance, se ha posicionado como el soporte divulgativo idóneo para cualquier emprendedor o firma contrastada que pretenda hacerse con un nicho de mercado rico y sostenible dentro de un mar de agresiva competencia.

Pero resulta obvio que, lejos de constituir un blindaje comercial, puede incluso acarrear un lastre presupuestario y un caudal de desprestigio como consecuencia de errores cometidos en su implementación, mayormente debidos a una desmedida ansiedad por recoger unos frutos que el mercado no es capaz de generar en tiempo récord. De todos esos errores, quizá se lleve la palma, por su frecuencia y su malignidad, la inclinación a sobrecargar la creación con contenidos llenos de simpleza y ajenos a una estrategia premeditada en la que el lector represente el verdadero foco de atención y objetivo claro del mensaje, de suerte que la consulta de ese contenido le inste a compartirlo con su entorno físico y digital. Conviene no olvidar que los destinatarios del marketing de contenidos son personas a las que se pretende convertir en compradores y finalmente en clientes, lo que demanda una buena dosis de empatía para evitar empeños estériles que trunquen las expectativas de negocio.

La creación de contenidos de calidad que alcancen una penetración en el mercado digital cuantitativamente suficiente precisa un testaje de diversos formatos y temáticas que reporte el feedback necesario para identificar las apetencias de los potenciales clientes, tarea para la que se requiere la intervención de un equipo humano de similar perfil a una redacción de prensa.

El desarrollo del marketing de contenidos responde muy bien a una dedicación de dos tercios al material compartido en redes sociales y el tercio restante al contenido propio de la marca. Por supuesto que, en base a los parámetros de indexación de los motores de búsqueda, el contenido publicado ha de vigilar estrechamente las reglas básicas del SEO que expriman al máximo las posibilidades de éxito, debiendo los creadores de contenidos hacer de su credibilidad el más valioso tesoro que forje su reputación en el sector sobre el que se proyectan.