Continúa la carrera por la conquista de la intimidad de las personas. Por si no estábamos ya lo suficientemente controlados en las redes sociales o en nuestra navegación por Internet, ahora parece que vamos a tener que hacer frente al boom de los servicios de localización GPS en interiores. No en vano, gigantes como Google y Apple son algunas de las compañías que quieren hacer de este software una de las piedras angulares de su futuro… y del nuestro.

La proliferación de dispositivos móviles y smartphones es una de las principales razones para que las citadas Google o Apple hayan decidido renovar sus software de geolocalización hasta lograr, literalmente, meterse en nuestra casa. Y es que estos dispositivos ofrecen múltiples y novedosas posibilidades en la creación de contenidos y aplicaciones, y no precisamente mediante redactores freelance, sino que hablamos de contenidos tecnológicos punteros aplicados a gran escala.

El marketing de contenidos y el posicionamiento SEO han sido dos de las bases de Google, pero el monstruo de Internet siempre ha tenido miras más altas. La empresa californiana, que ya tocó la cima en los sistemas de posicionamiento globales gracias al Street View, se encuentra en plena modernización de su retoño, una plataforma que ya permite la localización en interiores gracias a las últimas versiones del Maps APIs.

Por su parte, Apple no se ha quedado de brazos cruzados tras el fracaso del Apple Maps para iOS6 en 2012 y ha adoptado un sistema GPS denominado WiFiSlam, cuya función consiste en aprovechar los algoritmos de los sistemas WiFi y Bluetooth para estimar la localización exacta de una persona o visualizar la estructura de una edificación.

La lucha está servida. Google y Apple tan solo son la confirmación del interés que el mercado de geolocalización en interiores suscita en empresas realmente importantes. A ellas se podría añadir In-Location Alliance, una sociedad formada por más de 20 empresas fabricantes de móviles que ya adaptan sus productos a la tecnología de mapeo en interiores.

La duda es: ¿se trata de un avance interesante o un paso más para el control social?