La paradoja de los extranjerismos en la creación de contenidos online

Publicado por Lowpost
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Los extranjerismos crudos, o no adaptados, parecen haberse convertido en uno de los grandes problemas para cualquier persona que redacte contenidos para Internet. Lo que parece ser casi una tendencia más de márquetin (sirva el término como ejemplo de que es posible escribir en español sin problemas), no deja de convertirse en la sustitución de palabras españolas por otras extranjeras.

A continuación, se analizan las consecuencias de esta práctica y las soluciones a tu alcance para evitar, en la medida de lo posible, el uso exagerado de términos que terminan empobreciendo el resultado final.

 Los extranjerismos en tus textos

Se entiende por extranjerismo el término que se toma prestado de otra lengua bien porque en la propia no existe uno que exprese lo mismo, bien porque los hablantes prefieren el término ajeno.  Su origen se remonta a la Edad Media. La invasión musulmana provocó que comenzaran a utilizarse tanto arabismos como galicismos debido al aumento de peregrinos en el Camino de Santiago.

Durante el Siglo de Oro convertimos en extranjerismos nuestras palabras en países como Francia o Italia. Sin embargo, en el siglo XX comenzaron a proliferar los anglicismos (préstamos del inglés) que siguen, gracias a Internet, en continua expansión e incluso provocando el desuso de palabras que significan lo mismo. Más que un préstamo o un recurso, se han convertido en el término de mayor uso.

A la hora de incluir un extranjerismo en un contenido, has de tener en cuenta que tu objetivo principal es el de la adecuación al lector.  No todo el mundo conoce el significado de los extranjerismos por muy de moda que estén. No obligues a nadie a buscar qué quiere decir una palabra. Solo conseguirás que deje de leer tu contenido. 

Por lo tanto, antes de usar alguno, es esencial conocer las características de los lectores potenciales (sobre todo en lo que respecta al segmento de edad y a su posible conocimiento de otros idiomas) para tener la seguridad total de que va a entenderse lo que vayas a escribir.

Cómo incluir extranjerismos en el contenido

Se te recuerda que has de buscar siempre la palabra en español para expresarte. De darse el caso de querer redactar un texto a la medida de un grupo concreto de clientes, es esencial que tengas en cuenta que no debes abusar. 

Aunque la RAE indica que no deben ser rechazados de forma sistemática, sí apunta que se eviten los superfluos o innecesarios (como email). Ten presente las siguientes normas:

  • Debes mantener la misma grafía. Es el caso de términos como jazz o software.
  • Adapta la grafía a la pronunciación española de ser posible en casos como máster. De ser así, no necesitas usar cursiva o destacar la palabra poniéndola entre comillas.
  • Adapta la palabra al sistema gráfico español. Es el caso de pádel. Tampoco necesitarás destacar la palabra de ninguna forma específica.

Recuerda que tienes dos opciones para indicar que es un extranjerismo. O bien poner la palabra en cursiva o con el uso de las comillas latinas («»).  Si redactas un contenido en el que debes introducir un elevado número de palabras extranjeras siendo consciente del conocimiento de sus futuros lectores, no te olvides de que ningún contenido es específico para un grupo cerrado de personas.

En este caso, debes introducir algún tipo de elemento explicativo a cada palabra extranjera que utilices. Puedes poner una nota a pie de página o, directamente, explicar su significado entre paréntesis.   Igualmente, se te aconseja revisar el diccionario periódicamente para que te sea más fácil encontrar esos términos españoles que sí van a entender todos los lectores.

Entre otros ejemplos, te proponemos cambiar Black Friday por viernes negro o comercio móvil en lugar de m-commerce. No olvides que hay una enorme cantidad de recursos en la red para saber cuál es la palabra más adecuada que te ayudará a reducir, progresivamente, la cantidad de extranjerismos que introduzcas en los contenidos que redactes.

Los neologismos, que también pueden ser extranjerismos, pueden ser siglas, acrónimos, provenir de la parasíntesis, de la derivación en incluso tratarse de una onomatopeya. Solo si no pertenecen al español han de ponerse en cursiva o adaptarse a la pronunciación española. Préstales atención a los barbarismos, pronunciaciones erróneas que terminan por asentarse («cedé», por ejemplo) y evítalos.  

Ponte siempre en el lugar de la persona que va a leerlo y consulta fuentes oficiales (la RAE o Fundeu son dos magníficas opciones) para escribir en español y no en una mezcla errática que trasmite desconfianza, inseguridad y un cúmulo de vocablos tan complicados de entender, para algunos, como innecesarios.

Se trata de escribir a la medida de cada lector, pero respetando siempre las normas gramaticales. En definitiva, se trata de no permitir que los extranjerismos crudos sean los protagonistas de tu contenido.  En tus manos están las claves necesarias para proteger nuestro idioma de forma eficaz.

Foto de Brett Jordan en Pexels

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