La era del marketing digital ha traído consigo un nuevo tipo de cliente, uno que se siente mucho más identificado con las marcas que valoran sus opiniones y se esfuerzan por estrechar lazos con ellos.

Dentro de las estrategias de marketing, el marketing relacional es el que busca crear, fortalecer y mantener vínculos duraderos entre compañías y clientes.

Los nuevos clientes de la Era Digital

 

De este modo, el usuario prefiere mantenerse fiel a esa firma, de la que se considera parte integrante, y devuelve ese favor convirtiéndose en un gran comprador de sus productos a largo plazo. Ellos eligen pertenecer a esa comunidad.

En este tipo de relaciones, el marketing relacional fomenta la consecución de leads de calidad, que se convierten en grandes portavoces de la marca y casi en embajadores a través del boca a boca y de las redes sociales.

Qué es el marketing de relaciones

El marketing de relaciones, o marketing relacional, irrumpe en las técnicas del marketing online con la intención de fidelizar clientes a largo plazo, de manera que el deseo de realizar transacciones con la misma empresa se perpetúe en el tiempo.

Aunque no es exactamente lo mismo, en España ha comenzado a emplearse las siglas CRM (Customer Relationship Management) para referirse a la forma de gestionar un trato personalizado con cada cliente, de manera que se pueda hacer un histórico de sus gustos y hábitos de navegación y les ofrezcamos lo que desean, con el objetivo de lograr el mayor índice de satisfacción para el usuario.

Digital marketing, calidad y atención al cliente deben siempre combinarse a través de una estrategia perfecta, que mezcle técnicas de marketing mix, esto es: inbound marketing (marketing emocional) y outbound marketing (marketing tradicional), de manera no invasiva, amigable y muy atractiva para todos los usuarios, y así consigamos fomentar el fortalecimiento del ‘amor por la marca’ (Love Mark).

Cómo se emplea el marketing de relaciones

El primer paso que tenemos que dar en nuestra campaña de marketing relacional es el de conseguir la identificación del usuario y posteriormente proceder a su segmentación por grupos.

A continuación, hemos de entrar de lleno a diferenciar a cada cliente, de modo que se  personalicen valores fundamentales para que nuestra campaña tenga éxito: la frecuencia de compra, el valor de la transacción y el momento en que se adquirió el último producto.

Debemos establecer una relación de reciprocidad con el cliente, de modo que podamos acercarnos a los que menos gastan por menos coste. Este punto resulta fundamental dentro de la maniobra para abaratar costos.

Todos estos pasos deben ser dados sin perder de vista la máxima de que las relaciones que buscamos con estas estrategias de marketing deben ser duraderas y gratificantes para ambas partes.