El marketing no deja de quemar etapas y reinventarse. Después de penetrar con fuerza en las redes sociales, del auge del marketing de contenidos y del blog de empresa, la necesidad de acercarse más aún al potencial consumidor ha impulsado a las grandes marcas a buscar nuevos métodos que permitan aumentar el conocimiento que se tiene del cliente a un nivel mucho más profundo.

El neuromarketing es el encargado de llevar a cabo la difícil tarea de conocer la reacción del sujeto a nivel emocional en base a un estímulo; es decir, pretende entender la psique del consumidor. Ese objetivo, antaño utópico, ahora es posible gracias a la llamada neurociencia. La neurociencia se pone a disposición de la mercadoctenia para influir inconscientemente en la decisión última de compra y estas son algunas de sus herramientas para lograrlo:

Los dispositivos de seguimiento ocular o eye-tracking, que permiten registrar el movimiento de los ojos para analizar su comportamiento y sacar conclusiones: en qué punto detenemos la mirada durante más tiempo, qué colores o titulares nos llaman más la atención, qué zonas nos pasan más desapercibidas…

Los biosensores son otro método para entender la conducta que subyace en la decisión del consumidor. Miden la actividad cerebral, el aumento del ritmo cardíaco, la respuesta galvánica de la piel… todos esos aspectos y muchos más son recopilados y analizados.

Las empresas requieren del neuromarketing para conocer más a fondo las conductas que se pueden producir a nivel subconsciente en el consumidor y así poder adaptar estímulos sonoros o visuales a las necesidades de compra de su producto o servicio.

El marketing de hoy en día está compuesto por infinidad de aristas tales como redes sociales, publicidad viral, contenido para blog... A la hora de tomar decisiones relacionadas con comprar contenido a un redactor freelance, el neuromarketing puede ser una herramienta muy útil para ayudarnos a definir qué contenido necesitamos.

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