La cantidad de información que gestionamos en nuestro día a día es tal, que nos vemos obligados a seleccionar nuestras fuentes, recurriendo a aquellas que nos han resuelto alguna vez algún problema y rechazando las que venían vendiéndonos humo, para finalmente, comprobar que no satisfacían nuestras necesidades; a usar a aquellos servicios que realmente nos informan o a confiar en una serie de autores que sabemos que nos garantizan calidad con el contenido que generan.

Ante esta problemática ha surgido una corriente dentro del marketing de contenidos que se basa en el conocimiento de los gustos, necesidades, inquietudes y/o aficiones de los usuarios para poder ofrecerles aquello que demandan, en el momento que lo demandan y en el formato que lo están demandando. Esta tendencia del content marketing precisamente lo que promueve es que el usuario no tenga que ir a informarse, sino que sean los contenidos los que le lleguen a él.

Contenido personalizado a partir de la información facilitada por el usuario

Webs, redes sociales y otros servicios tienen mecanismos para conocer qué es lo que está buscando el usuario. Las redes sociales son un claro ejemplo de ello y lo vemos cuando queremos hacer una segmentación. Los mismos datos del registro ya nos sirven como punto de partida, ya que nos permiten hacer grupos de usuarios en función de una serie de criterios: socio demográficos, aficiones, etc.

Pero podemos ir mucho más allá y hacer una segmentación “más fina”, que sería la que podríamos hacer a partir de los perfiles por los que navega el usuario, los sitios en los que interactúa, aquellas páginas que dice que le gustan o que sigue, etc. etc. Por decirlo de alguna manera, a todo el mundo le “gusta” el cine, la lectura y la música, pero luego la realidad nos dice que tiene muchas más aficiones y que a ese usuario se le puede clasificar en función de otros contenidos.

Y es aquí donde entra el brand content, que consiste en crear contenidos que están relacionados con una marca y cuyo fin es conectarle con el usuario al que pretenden convertir en su consumidor. Algunos ejemplos que han trascendido al mundo publicitario y de marketing para convertirse en fenómenos sociales, muy lejos de las intenciones de sus creadores.

Uno de los casos más conocidos es el de Popeye. La idea inicial era la de hacer publicidad de una marca de espinacas y acabó convirtiéndose en una serie de dibujos animados. Para España tenemos el caso de Balay, marca de electrodomésticos que ha optado por hacer campañas en las que se muestran, son las historias de las personas, ni frigoríficos, ni lavadoras, ni lavavajillas, la gente que fabrica los electrodomésticos, las personas, y que han conseguido conectar con el cliente. Esa es la idea del Brand content.

MARKETING DE CONTENIDOS